La historia mexicana está llena de mitos y presagios, sobretodo en la época prehispánica, donde las creencias, el cielo y los códices eran la guía sobre lo que iba a suceder. Un presagio famoso dentro de nuestra cultura como mexicanos es el de “la llorona”. Pero antes de contar esta historia empiezo explicando algo importante sobre algunos de los presagios que nos sirven como introducción a la leyenda.
Cuando Moctezuma Xocoyotzin, más tarde emperador del imperio Azteca, nació, se escuchó a una lechuza ( Yautequiua, traducido al español como Mensajero del Dios del Infierno) en la puerta del palacio, cosa que inquietó a las parteras y brujos en la Gran Tenochtitlan. Dice el mito, que la lechuza portó un mal augurio al joven príncipe desde su nacimiento, marcando su destino hacia la destrucción por las propias manos de su pueblo. Esto se ve reflejado cuando en tiempos del arribo de Hernán Cortés; Moctezuma fue desconocido como rey y sufrió de lapidación por parte de su pueblo provocando su muerte.
Se dice que antes de que llegaran los españoles, ya habían indicios en la vida de los aztecas de que algo iba a suceder y cambiar su destino; el primer caso fue que una luz muy brillante en el cielo apareció por un año, advirtiéndole a los aztecas que el futuro sería adverso. Seguidamente un incendió se propagó en el templo de Huitzilopochtli(Dios de la Guerra). Luego, un rayo cayó en un templo, un cometa pasó y el lago de Texcoco donde estaba asentado el imperio azteca hirvió, cuarteando y destruyendo muchas casas . Sin embargo, la última que más impacto tuvo fue escuchar la voz de una mujer en la noche gritando “Ay mis Hijos” y es así como comienza nuestra historia.
En el lago de Texcoco estaban cuatro sacerdotes observando su entorno, pendientes en caso de que algo sucediera. Se encontraban intrigados por los presagios que habían acontecido: el incendio, las aguas hirvientes, el cometa pero necesitaban saber el porqué de estos acontecimientos, justamente cuando estaban concentrados pensando, un grito de la nada sobresalió; “Ay mis hijos, Ay mis hijos”.El llanto tenía el sonido de la voz de una mujer en agonía, un sonido agudo como escapado de la garganta de una mujer que no se podía apreciar. Los cuatro sacerdotes empezaron a buscar la proveniencia del alarido. De repente el más viejo gritó: “¡Es la diosa Cihuacóatl”. A lo que otro de ellos dijo “Ha salido de las aguas y bajado de las montañas para prevenirnos nuevamente. ¡El fin está cerca! El eco de Cihuacóatl (Diosa de la raza, protectora de los partos y las mujeres fallecidas al dar a luz)se había propagado por el lago de Texcoco.
Subieron lo más rápido que pudieron al templo y vieron una figura blanca, con cabello de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche. Una vez dispersa su imagen y su grito, los sacerdotes dijeron; “Hijos míos, hijos del Anáhuac, ¡vuestra destrucción está próxima!
Otro día volvió a aparecer Cihuacóatl, sólo que esta vez dijo “A dónde irán, a dónde los podré llevar para que escapen a tan funesto destino” este alarido había puesto en temor a la población de Tenochtitlán.El emperador Moctezuma simuló estar sereno, sin embargo al consultar los códices con los sacerdotes, observó que el último presagio se había cumplido, que este alarido significaba el principio del fin del imperio Azteca.
Los sabios comentaron: “Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros. Por eso la diosa Cihuacóatl, vaga por el Anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas gritando las desdichas que han de llegar al imperio”. Es así como Moctezuma empezó a pensar en su presagió al nacer. El presagio de “La Llorona” nos indica que esta mujer está llorando por sus hijos que estaban próximos a perecer.
En 1519 los mensajeros de la corte anunciaron que unos hombres barbados de piel blanca habían llegado a las costas del Golfo de México. Así todos los mitos o presagios de los aztecas resultaron trágicamente precisos.
Años después esta leyenda, en la época colonial, cambió a ser la historia de una mujer que abandonada por su marido decide ahogar a sus hijos. Entonces empieza a aparecerse por las calles vestida de blanco y con cabello negro largo que cubría su cara gritando “Ay mis Hijos”.
Fuente Bibliográfica:
La Llorona o la Desesperanza de un Pueblo.
La Llorona Leyenda Mexicana
Cihuacóatl.
Fascinantes Mitos y Leyendas Prehispánicos. México, D.F. Editorial Más Lectores. 2012




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