Empezamos hoy un nuevo serial que esperamos que se convierta pronto en el abanderado de nuestra sección de curiosidades. Lo que siempre quisiste saber y nunca te acordaste de investigar. Porque, ¿cuántas veces, habréis pensado cosas tales como: “Oh,¿ cuál será la causa de qué esto ocurra así?” o “¿Por qué tal hecho es cómo es y no diferente?”, y un sentimiento inabarcable de curiosidad os invadió al momento? Pero claro, seguramente, se sumó que además de no estar en ese preciso instante junto a un ordenador, o de no tener tiempo libre suficiente como para buscar, acabó pasando el tiempo, y la desidia y el olvido enterraron vuestra “efímera duda existencial” en el cajón del “ya mañana haré” donde tantas cosas guardamos día a día, y tanto dejamos atrás que, si hiciéramos, no harían más que enriquecernos culturalmente. Pues bien, desde Toda una amalgama nos hemos propuesto férreamente ayudaros a evitar que situaciones así se repitan más allá de lo estrictamente inevitable, y a auxiliaros en el esfuerzo por desenterrar del cajón del “ya mañana haré” vuestras “efímeras dudas existenciales” que cierto día, y en algún ínfimo instante de vuestra vida, constituyeron vuestro interés más destacado.
Y así es como hoy, nos centramos en responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué los mosquitos nos zumban en el oído cuando estamos durmiendo?, porque, ¿quién no se ha preguntado una y mil veces estos cuando en las noches de veranos no podemos dormir tranquilos por culpa y causa de estos irritantes bichejos?
Imagen de: Wicho Sáenz.
Antes de nada debemos recordar, como ya hemos destacado en algunos de nuestros tweets (para quien no nos siga, @todaunaamalgama), que los mosquitos que se alimentan de nuestra sangre son exclusivamente las hembras, ya que éstas la necesitan para adquirir a través de ella ciertas proteínas esenciales, sin las cuales, no podrían ni poner huevos fértiles, ni incubarlos posteriormente.
Ahora bien, para asegurar su cometido biológico, los mosquitos hembras cuentan con una serie de mecanismos naturales que le permiten detectar su posible objetivo a la hora de buscar un mamífero que le aporte la sangre que necesita. De esta forma, en su cabeza y en las antenas, dispone de una serie de receptores sensoriales que le permiten dirigirse a los lugares más propicios para succionar la sangre. Sangre que succionan, ya que estamos dilucidando “efímeras dudas existenciales”, a través de su probóscide, y usando para ello una saliva que facilita el paso de la sangre. Saliva que es la causante de los terribles picores que sufrimos una vez que los mosquitos hembras nos han picado y se han alimentado de nuestra sangre.
Imagen de: Extertronic
¿Y qué tiene que ver que los mosquitos hembras estén perfectamente capacitados para detectar las mejores zonas objetivo, con que no paren de rondar por mi oído cuando duermo? Sencillo. Algunos de los indicios que sigue el mosquito a través de sus sensores, antes de picar, son el calor corporal, la humedad, y las emisiones de dióxido de carbono. Y curiosamente, ¿qué ocurre?, pues que en las noches de verano, casualmente, todos estos factores vienen a confluir en una zona muy concreta del cuerpo humano, la cabeza.
Es por este motivo que, los mosquitos, mientras están a la búsqueda de una buena zona donde aterrizar, y tratando de precisar su objetivo a una diana más concreta que el amplio terreno de la cabeza, merodean en torno a la misma y, desafortunadamente para nosotros, no hacemos más que escucharlos pasar una y otra vez por nuestra oreja, indecisos y analizando su próxima “pista de aterrizaje”, con ese irritante e insufrible zumbido, que llega a ser muchísimo más insoportable que la noche más calurosa y sofocante de verano.
Imagen de: Javiereldegilmarquez



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