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El horror y la crueldad de la tortura medieval

Written By Jesus on lunes, 25 de febrero de 2013 | 0:30


Quizás por su auge en los tiempos actuales, agravado por el deseo y necesidad humana, sea imposible que ninguno de nosotros pueda decir, ya sea por haber pasado delante de ellos en el lugar donde vive, o durante algún viaje de ocio, que jamás ha conocido la existencia de un Museo de la Tortura.

Personalmente, hasta hace pocos años, no más de 3 o 4, ni imaginé que éstos existían. Pero poco a poco, con el paso del tiempo y de sucesivos viajes que he realizado, he percibido como algo especialmente notorio que hasta en lugares con poco atractivo turístico están abriendo las puertas estas macabras y morbosas exposiciones, que al parecer, tanto gustan.

Imagen de: 20 minutos

En este artículo, vamos a exponeros las que, entre algunos expertos, son consideradas como las peores diez maquinas de la tortura que surgieron en la tenebrosa y oscura edad Media.

La araña de hierro

Empezamos, como no, con algunos artilugios diseñados para castigar delitos sexuales, algo siempre inherente a nuestra esencia, y en aquel entonces, quizás como hoy en día, una de las más numerosas formas de atentar contra la legalidad. Si bien es cierto, que muchos de los entonces catalogados como “delitos sexuales” hoy serían vistos como un ataque injustificado a nuestros derechos. La araña de hierro era uno de los peores enemigos de la mujer. Previamente atada una mujer a un poste, se colocaba este artilugio, similar a una pinza de metal, de forma que agarrara uno de sus senos. Tras ello, se le aplicaba cierta fuerza a la araña de hierro, arrancando ésta el seno por completo.

Imagen de: Vandal

La pera de la angustia

Más cruel aún que la araña de hierro. Era en un dispositivo de tortura ideado para homosexuales, herejes y brujas. Consistía en un conjunto de cuatro hojas de metal, con una manivela dentro y un sistema mecánico que permitía extenderlas o contraerlas. Es por ello que recibe su nombre, pues, cuando estaban contraídas, se asemejaba una pera. Este artefacto del horror, según la condena, se introducía por el ano (homosexuales), por la boca (herejes), o por la vagina (brujas). Una vez introducido, se activaba girando la manivela. De esta forma se expandían las hojas del metal y estiraban la zona donde se habían introducido hasta desgarrarla desde el interior. Aunque la víctima no moría, sufría un dolor insoportable, y las huellas de su condena perduraban para siempre.

Imagen de: Con olor a muerte

El toro de Falaris

Cambiando un poco la tónica, entramos ahora a exponer instrumentos del horror que no se focalizaban en los miembros sexuales. El toro de Galaris quizás sea uno de los dispositivos más originales y que menos personas conozcan de los que mencionaremos en este artículo. Este instrumento fue diseñado para Falaris, el peor y más cruel de los tiranos que ha visto Sicilia, quien pidió que le diseñaran un nuevo y eficaz instrumento para poder acometer sus torturas y asesinatos.

Imagen de: Necrodromo

El curioso artilugio, que diseñara Perilous el griego, consistía en un enorme toro de bronce puro, en cuyo interior se dejaba un espacio suficiente para que cupiera una persona. El toro tenía una entrada que sólo podía abrirse desde fuera, así como unos orificios en la nariz y otros en los ojos de la imagen. En el interior del animal se colocaba a la víctima, y debajo del vientre del toro, se hacía una inmensa fogata que quemaba viva a la víctima. Cuando el toro se calentaba y el color del bronce enrojecía comenzaba a salir humo por los orificios de la nariz, y un color rojo en los orificios de los ojos que le otorgaban a la escena un siniestro aura. Se cuenta además, que los alaridos de la víctima en el interior del animal, servían de entretenimiento para quienes acudían a presenciar la condena, pues se asemejaba a los bramidos de un toro. Casualmente, se cree que el primero que probó la eficacia de esta máquina del horror fue su propio diseñador, Perilous, ¿Estaría Faralis insatisfecho con una máquina de matar que no alcanzaba sus macabras y morbosas expectativas?.

El aplastapulgares

Posiblemente parezca inofensiva por su simpleza, sin embargo, la eficacia de esta antiquísima herramienta no deja lugar a duda alguna. El aplastapulgares consiste en un dispositivo de hierro mecanizado, en el cual, se colaba la mano de la víctima, que iba mutilándose gradualmente. Se estructuraba en tres barras de metal dispuestas verticalmente, donde se introducían los pulgares, mientras ora barra de madera maciza se deslizaba hacia abajo por las barras de metal para aplastar los dedos mediante la fuerza ejercida a través de un tornillo de metal que enlazaba dichas piezas. El aplastapulgares podía irse regulando para aplastar primero las uñas, dedos, nudillos, y así hasta llegar a la mano entera. En principio, este era el castigo que les aguardaba a los ladrones.

Imagen de: Necrodromo

El potro

Uno de los mecanismos de tortura que más habremos visto gracias a su ficticia aparición en series y películas. Para el que no sepa de qué hablo, el potro consiste en una especie de cama de madera con una rueda mecánica de metal, a la cual se ponían cuerdas y cadenas que sostenían los miembros y las articulaciones de la víctima. Cuando se giraba la manivela, las cuerdas se tensaban, y esto producía que la victima sufriera la dislocación de cada una de sus articulaciones. Según la intensidad del castigo, podía llegar a romperse los huesos, e incluso, a arrancarles las extremidades.

Imagen de: Learning Spanish

La rueda

Como su nombre indica, consistía en una rueda ¿pero qué la hacía especial?. Básicamente, el hecho de que se maniataba a la víctima en ella, encendiéndose debajo un fuego. Una vez realizado esto, se pasaba a girar la rueda durante horas, de modo que la victima intercalara indefinidamente la agonía del fuego con el consuelo de huir momentáneamente del mismo. Así, al girar la rueda durante horas sobre su propio eje, el castigado sufría enormes dolores antes de morir, causa de las ampollas, la sangre, y, por qué no, del humo inhalado.

Imagen de: Taringa

La estaca y la hoguera

El más famoso de los instrumentos de tortura y condena de aquellos acusados de herejía por la Inquisición. Tanto hombres y mujeres considerados como brujos y herejes eran maniatados a una estaca, alrededor de la cual, se realizaba una enorme hoguera. De esta forma, morían incinerados en público, a los ojos del pueblo, en un macabro y sanguinolento espectáculo.

Imagen de: Preguntasantoral

La picota

A veces el peor escarnio, es la ridiculización, y el peor sufrimiento, el bochorno, la vergüenza  y la burla. Esto era lo que perseguía la picota. Estaba compuesta de dos placas (de metal o madera) entrelazadas con tres orificios, por donde se sacaban la cabeza y las dos manos de la víctima. Las placas se ajustaban con un candado, y el prisionero ya no podía escapar y librarse de este atuendo impuesto. Cuando se ponía la picota a alguien, todo el pueblo era advertido, de tal forma que los ciudadanos se burlaran de esa persona y la humillaran, ya fuera con palabras o lanzándoles objetos, que podían ir desde frutas y verduras, hasta animales muertos o heces humanas. A veces, precisamente en este proceso, el humillado moría como consecuencia de algún golpe capaz de acabar con su vida.   

Imagen de: Epucci

La doncella de hierro

Quizás la más aterradoras de las maquinas de tortura. La doncella de hierro consistía en una gran estructura metálica, similar a un sarcófago y con rostro de mujer. Esta especie de sarcófago, lógicamente, era hueco, y en su interior cabía una persona de forma vertical. ¿Qué es lo terrible de este instrumento?, os preguntaréis. Sencillo, en su interior, en la parte frontar tenía aproximadamente 8 púas extremadamente afiladas, a las que se sumaban otras 13 de la puerta frontal. Este conjunto de 21 púas, desgarraban la carne con una pasmosa facilidad, aunque, sin embargo, no acababan con la vida de la víctima, pues estaban situadas en lugares estratégicos para que la persona se mantuviese con vida… y sufriera la agonía y el dolor de morir desangrándose lentamente.
Imagen de: Pabellón del enigma

La hija del carroñero

Este dispositivo constaba de una estructura metálica con aros, así como de un sistema de tuercas y tornillos a través de los cuales, una vez colocada la victima dentro, se podía ejercer una presión suficiente como para irle quebrando todos sus huesos, a modo de gran tenaza. De este modo, la víctima era aplastada con una fuerza tal, que una vez quebradas sus costillas, dislocado su esternón, y rota su columna vertebral, empecía a sangrar a borbotones por todos los orificios de su cuerpo, así como por los dedos y por la cara.

Imagen de: Ateo y agnóstico 

Afortunadamente, la humanidad evolucionó y todos estos macabros utillajes dejaron de ser usados y la sociedad pudo librarse del enorme sufrimiento y agonía que estos producían. O quizás… simplemente, fueron cambiados y sustituidos por unos medios para la tortura mucho más modernos, sigilosos, eficaces… y crueles, porque si hay algo que nunca cambiará, es la sed de sangre y el morbo por la muerte y el dolor, de la especie humana.
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