Seguramente, a lo largo de tu vida, habrás pasado por ese tipo de días en los que piensas “ojalá nunca hubiera existido”. Probablemente, con algunos, inconscientemente, habrás conseguido tu propósito de una forma indirecta, olvidándolos, un mecanismo que empleamos para borrar toda huella de aquello que afecte a nuestra estabilidad psíquica y emocional. Pero otros se habrán arraigado en tus recuerdos como si te los hubieran forjado, a fuego vivo, en tu cabeza. Impenetrables e impasibles ante tus esfuerzos por hacer como si nunca hubieran tenido lugar.
Imagen de: Lalibrea
Papa Gregorio XIII
Curiosamente, existe un periodo “que nunca existió” en la breve y corta historia de la humanidad. No tenemos que irnos demasiado lejos. Concretamente, hablamos de los días comprendidos entre el 5 de octubre y el 14 de octubre de 1582. ¿Cómo es posible? Para entenderlo mejor, tenemos que correr un poco más atrás en el tiempo para conocer los antecedentes.
Año 46 a.C. Época de máximo esplendor y desarrollo del Imperio Romano, bajo el Gobierno del emperador Julio César. Cuna de nuevos avances y desarrollos sociales que prosperarán hasta nuestros días. Pues bien, como no podía ser de otro modo, fue en esta época cuando Julio César decidió terminar con el calendario lunar (aunque se regía por 12 meses de 30 días) que existía hasta entonces. Cabe reseñar que, con anterioridad al calendario lunar, y desde antes del siglo VII a.C, existía en Roma un calendario de 304 días repartidos en 10 meses, lo que provocaba que las estaciones nunca se repitieran en las mismas fechas de un año para otro, existiendo siempre desfases de tiempo y teniendo que realizarse ajustes acorde a estos (basados en conveniencias políticas).
Julio César, de Rubens
Como Julio César quería corregir todos los errores que se tenían con el antiguo calendario romano, ordenó a sus astrónomos el desarrollo y diseño de un nuevo calendario que superara todos estos defectos. Quien dirigiría este proyecto sería el astrónomo egipcio, de origen griego, Sosígenes de Alejandría.
Sosígenes pensó que, para compensar el error acumulado durante años, por los anteriores calendarios hasta la fecha, sería necesario añadir días al mencionado año 46 a.C hasta que este alcanzó los 445 días, hecho que provocó que se le conociera como “el año de la confusión”, ya que estas correcciones provocarían numerosas equivocaciones futuras en cuanto a cuándo tuvieron lugar hechos e hitos históricos importantes.
Un año después, el 45 a.C., sería el primer año del calendario Juliano ya corregido, donde se había acordado que los años durarían 365 días y que cada 4 años habría años bisiestos con 366 días. Sin embargo, este calendario aún se desajustaba 3 días cada 400 años, debido a que todavía quedaba un error de 11 minutos y 14 segundos por año, ya que Sosígenes calculó que el año duraba 365 días y 6 horas, cuando realmente la duración exacta del año verdadero es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos.
De este modo llegamos al año 1582. Entonces, el Papa Gregorio XIII, aconsejado por varios expertos, como Luigio Lilio y Cristóbal Clavio, decidió hacer una reforma del calendario juliano. Es por ello que este nuevo calendario reformado, toma el nombre de dicho Papa.
La principal razón de su modificación, más que por el ajuste en sí, era para tratar de salvaguardar el calendario de festividades religiosas, donde sobretodo la Pascua estaba completamente desfasada temporalmente. Tanto, que el desplazamiento temporal alcanzaba ya la cifra de 10 días.
Para corregir este nuevo error, el Papa Gregorio decidió que el día siguiente al 4 de octubre del año 1582 fuese el día 15 del mismo mes y año, obviando por lo tanto un periodo de 10 días que existía entre éstos. De este modo, el año 1582 pasaba a tener únicamente 355 días, recibiendo el nombre de “año de la correción”. Así, se consiguió que el equinoccio de primavera coincidiese de nuevo como el día 21 de Marzo, tal y como se había establecido en el Concilio de Nicea en el 325.
Pero, ¿en teoría, volvería a repetirse en el futuro el mismo problema, no? Pues no, porque además, el Papa Gregorio tuvo la precaución de prevenir estos desfases temporales de una manera muy curiosa. Estableció que los años bisiestos, como venían siendo hasta ahora, fuesen aquellos divisibles entre 4, salvo (y esta es la excepción que corrige todo lo anterior) aquellos años de fin de siglo que no sean divisibles entre 400. De este modo, el calendario Gregoriano tiene un ciclo de 400 años, 97 bisiestos y 303 comunes. Sin embargo, podemos resaltar, aún, un pequeño error residual a esta reforma, concretamente, de 26 segundos por cada año. Así, en 3323 años el desfase temporal ascenderá a un día. Una nimiedad que a buen seguro se solventara entonces suprimiendo un año bisiesto.
Este acontecimiento histórico de la Reforma del Papa Gregorio XIII daría lugar, como ya sucediese en el pasado, a muchos errores y confusiones. Por ejemplo, podemos destacar, como más interesantes las siguientes:
- Teresa de Jesús murió el 4 de octubre de 1582, y sin embargo, fue enterrada el día 15 del mismo mes. ¿No estaría ya el cuerpo de la fallecida corrompido entonces? Por supuesto que no, porque pese a parecer que tardaron 10 días en enterrarla, hay que recordar que esos días, nunca existieron.
- La siguiente es muy curiosa. Seguramente habréis aprendido en vuestros estudios, de pequeños, que dos grandes iconos de la literatura mundial, Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare fallecieron el mismo día, el 23 de abril de 1616. Claro, el problema era que mientras entonces España, se regía por el recién instaurado calendario gregoriano, el Reino Unido lo seguía haciendo por el Juliano (vigente aún en esta zona por conocidos conflictos, enemistades y segmentaciones religiosas). Es por ello que, si hubiera sido instaurado el calendario Gregoriano en el Reino Unido por aquellas fechas, diríamos que Shakespeare murió el 3 de Mayo de 1616. Pese a ello, la magia y el halo de misterio que rodea a estas dos muertes no debe de desvanecerse, ya que, que los dos mayores exponentes que han existido en la literatura mundial perecieran con sólo 10 días de diferencia, no deja de ser intrigante.
Imagen de: Wikicurios
Una vez más, el ser humano ha dejado la plasmación a lo largo de su breve historia de su imperfección. Una imperfección que quizás nos defina tanto, como el interés y el esfuerzo, a cada paso que damos, por conseguir superarla. Pero al igual que en el calendario Gregoriano quedó un pequeño escollo de algunos segundos de error, no te equivoques y disfruta con lo que eres, porque jamás lograrás ser perfecto. Eres humano, y probablemente, nuestra imperfección sea de las mejores cosas que atesoramos, de lo contrario, ¡qué aburrido sería todo!.



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