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La Dama del Alba

Written By Jesus on martes, 27 de noviembre de 2012 | 1:00


Si el mes de Noviembre lo comenzamos con el Réquiem de Mozart como pieza maestra de la música universal cuyo tema principal es la Muerte, vamos a cerrar el llamado Mes de los Difuntos con la misma temática. La Muerte vista por las otras dos ramas del Arte: la pintura y la escultura.
Detalle mausuleo Alejandro VII.
Fuente :http://gozarte.files.wordpress.com/2011/11/bernini-muerte.jpg
El fenómeno de la Muerte ha tenido siempre atemorizada a la Humanidad. Supone un miedo a lo desconocido y el fin de la vida de las personas que desconocen que hay más allá de ésta. Es también un miedo a la ruptura con toda la realidad que la persona experimenta. Los seres queridos, los bienes materiales, los conocimientos, nada de esto sobrevive a la Muerte. La mentalidad del Tempus Fugit, de que el tiempo corre muy rápido, los placeres de la vida se acaban así que la persona debe apresurarse a disfrutarlos porque nunca se sabe la hora ni el lugar. El Barroco supo dar una lección magistral del Tempus Fugit, era una verdadera obsesión de las personas de la época, y por tanto el Arte supo expresar con exactitud este grado de preocupación. Todas las obras que vamos a analizar se enmarcan dentro de este movimiento artístico y son por tanto contemporáneas.

Tempus Fugit

Empezamos con uno de los mejores artistas de la Historia: Gian Lorenzo Bernini. La escultura barroca es Bernini y viceversa. Este genial autor italiano sabía trabajar como nadie la teatralidad del Barroco y lo mostró en obras tan conocidas como el famoso Baldaquino de San Pedro o esculturas tan dinámicas y reales como El Éxtasis de Santa Teresa. Realizó numerosos monumentos funerarios para los Sumos Pontífices de Roma, sin embargo hay uno que destaca por su teatralidad y por el mensaje tan directo que transmite. Ya cercana su propia muerte, Bernini dio luz a una de sus últimas muertes: El Mausoleo del Papa Alejandro VII. Situado estratégicamente en la Basílica de San Pedro, Bernini muestra en la parte superior la efigie del Sumo Pontífice arrodillado y despojado de los atributos papales. A su alrededor distintas representación de las Virtudes Teológicas (Justicia, Caridad, Verdad…). Pero la escena central se representa en la parte inferior. Del perfecto cortinaje de mármol que se pliega y rodea a toda la escena, surge un esqueleto dorado representando a la Muerte que parece romper la serenidad de la escena anterior. Tan sólo logra extender el  brazo  y mostrar al espectador en primer plano un reloj de arena, recordándole que el tiempo pasa rápido y pronto la Muerte se deshará de las cadenas que le impiden imponerse.  Para añadir más teatralidad, la macabra figura parece provenir de una misteriosa puerta que se abre justo debajo, como si fueran las puertas del Más Allá. Pero Bernini no situó esta obra en este lugar del Vaticano de forma arbitraria, en la parte superior del muro frontal hay un enorme ventanal, en el atardecer la luz incide en el monumento dando lugar a claroscuros e iluminando precisamente el reloj de arena. Para los lectores de Toda una Amalgama les ofrecemos una instantánea que recoge ese momento exacto del atardecer romano y que pudimos captar en una visita a la Ciudad de las Siete Colinas. Si les impresiona la foto, créanme si les digo que resulta mucho más impactante ver en directo ese momento. Barroco en estado puro.

Mausoleo Alejandro VII. Fotos: C. Martin 

La siguiente obra maestra la enmarcamos dentro de la pintura barroca. Además de en Italia, el Barroco tuvo una importancia clave en España con figuras tan importantes como Velázquez o Murillo. La Ciudad más barroca de toda España, Sevilla, alberga la pintura que vamos a analizar. Se trata de la pintura denominada In ictus oculi (en un abrir y cerrar de ojos). Realizada por el genial pintor Juan de Valdés Leal para la Hermandad de la Santa Caridad, forma parte de un conjunto de dos pinturas denominadas las Postrimerías. Encargadas por el fundador de esta institución, Miguel de Mañara, como parte del programa iconográfico de la iglesia que recoge con precisión los fundamentos de esta Hermandad. El tema fundamental de estas dos pinturas es la Muerte como fin del mundo terrenal con el correspondiente Juicio de Dios entre las obras buenas y malas del difunto. Es una llamada de atención a no entregarse al hedonismo y vivir según los mandamientos de Dios. Todo lo que hay en este mundo es contingente y tras la muerte desaparece. En el cuadro vemos representado todo lo contingente de este mundo acumulado: las riquezas, la corona, atributos que representan el poder de la Iglesia, los libros que representan el conocimiento, espadas y armas representando la fuerza… Toda esa amalgama de símbolos terrenales de poder se esfuman en un abrir y cerrar de ojos cuando aparece repentinamente la Muerte. La lúgubre figura parece haber surgido repentinamente de la nada y extingue todo lo terrenal con la facilidad de apagar la llama de una vela. Con la mortaja, el ataúd bajo el brazo y guadaña en mano, la muerte se apresura a terminar con la vida. Es algo por lo que todos tendremos que pasar y fruto de ello es la posición de dominio que ocupa sobre el globo terráqueo que aparece en el cuadro. En la otra pintura que lo complementa vemos el efecto de la muerte, lo terrenal se corrompe: vemos los cadáveres de obispos y caballeros en descomposición, de nada sirve su condición y su poder. Lo único que importa es la vida que han tenido a los ojos de Dios, el Juicio de Dios es representado por una balanza que compara los pecados y las buenas acciones de las personas.
In Ictu Oculis. Fuente Wikipedia

Mors mortem superávit

Triunfo de la Santa Cruz.
Fuente: Hermandadsantoentierro.es
La última obra que a la que hacemos referencia, quizás no sea un hito en la Historia del Arte pero forma parte del patrimonio inmaterial de Sevilla. Nos referimos a la composición alegórica del Triunfo de la Santa Cruz, conocida popularmente como “la Canina”. Es un conjunto escultórico anónimo y fechado aproximadamente entre principios XVIII y finales del XVII. Aunque a primera vista destaque como en las anteriores obras, el aspecto macabro, el significado es totalmente distinto. La Muerte ahora aparece abatida, pensativa sentada en el globo terráqueo y acompañada del dragón mordiendo una manzana, símbolo del pecado. Detrás suya se levanta la cruz con el sudario y la leyenda Mors mortem superávit (la muerte venció a la muerte), es decir Jesucristo por medio de la Resurrección venció a la muerte según la religión cristiana. El mensaje que se quiere lanzar paradójicamente es esperanzador: la muerte no es final, porque Dios nos dará la Vida Eterna en su reino. Es algo que va más allá de la muerte y que por ello ésta no puede comprender aunque se muestre pensativa. 
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