Para hacer arte el abanico de posibilidades es completamente ilimitado, tanto, como pueda llegar a serlo la mente del artista. Prueba de ello es, sin duda, la artista canadiense Shelley Miller que sorprende allí por donde va, con su increíble y original obra, dándole a sus murales un toque muy dulce. Se trata de murales callejeros de todos los tamaños y colores hechos nada más y nada menos que con glaseado de pasteles.
La consistencia del betún con el que Shelley construye sus obras, le dan a éstas un toque muy peculiar simulando técnicas pictóricas como por ejemplo, las del impresionismo. Dado que este tipo de murales suelen representar escenas marítimas, son comúnmente expuestas en puertos y espacios públicos que lucen diversas gamas de azules, lo que hace de su trabajo una obra compleja pero muy bien lograda.
Tiene la licenciatura de Bellas Artes por la Universidad de Alberta (Calgary) de Arte y Diseño desde 1997 y obtuvo la Maestría en Bellas Artes por la Universidad de Concordia (Montreal) en 2001. Ha sido galardonada con numerosas becas y subvenciones del Consejo Canadiense para las Artes, el Consejo de las Artes y las Letras de Québec y la Fundación de la Commonwealth.
Su obra no deja indiferente a nadie y alerta prácticamente todos los sentidos. Con su original técnica realiza reproducciones exactas de murales hechos con mosaicos y que suelen representar escenas históricas de la industria azucarera. Pero lo que hace que la obra de Shelley Miller sea completamente genuina, es que los únicos materiales que utiliza son: pintura comestible, azúcar, escarcha y hielo.
Las obras de esta artista han sido expuestas en todo Canadá, así como también en la India y Brasil donde han sido adquiridas por la ciudad de Montreal, el Museo de Arte Moderno de Bahía (Salvador, Brasil), Reliance Industries (Mumbai, India), el Just for Laughs Museum (Montreal, QC), así como muchos coleccionistas privados.
Su última intervención realizada, forma parte del Nuit Blanche 2012, festival de arte contemporáneo que viene celebrándose de la mano de Scotiabank desde el 2006 en Toronto. La obra propuesta por Shelley para esta ocasión, fue presentada como “Throw-up” y se llevó a cabo en el Metro Hall de la ciudad, impactando a todo el que pasaba por el lugar con un extenso graffiti lleno de motivos ornamentales como flores, volados y firuletes.
Es sin duda, una artista que deja atrás los lienzos y pinceles sustituyéndolos por muros y mangas pasteleras, demostrando así que, las barreras del arte están allí donde el artista quiera establecerlas.













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