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El ser más solitario que ha existido: La apasionante historia del árbol de Teneré

Written By Jesus on viernes, 22 de marzo de 2013 | 1:30


Quizás a muchos esta historia os suene irreal o fantástica. Desde luego lo parece.  La verdad, incluso para mí, el decir “érase una vez un árbol solitario en medio de uno de los desiertos más grandes de la Tierra” parece evocarme antes a una tira cómica, un chiste o un proverbio popular, pero no queridos amigos, realmente existió una vez, y no hace mucho. ¿Que si tenía nombre? Por supuesto. Extraño hubiera sido que espécimen tan excepcional no lo hubiera tenido. El árbol de Teneré.

Imagen de: África en colores

Este peculiar árbol recibió su nombre por el sencillo hecho de que se localizaba en la región de Teneré, al noroeste de Níger. Durante siglos, y gracias a él, las caravanas de los Tuareg que atravesaban la zona en sus camellos, podían orientarse con mayor facilidad. Porque claro, en 9 millones de kilómetros cuadrados exactamente idénticos, ¿qué podía haber más significativo y distintivo que una pequeña acacia?. Tanto es así, que ya cuentan los escritos que durante la colonización europea, este excéntrico personaje que nos ocupa hoy ya fue un elemento esencial en la orientación de los colonizadores.

Así fue como con el paso de los siglos el árbol de Teneré fue engrandeciendo su fama. No en vano ostenta el reconocimiento de haber sido el primer árbol individual que ha llegado a aparecer en un mapa a escala 1 : 4.000.000 (si bien, poco tiempo después, el árbol Perdido repetiría esta gesta geográfica).

Imagen de: Taringa

Como podemos intuir, nuestro amiguito no fue siempre un árbol solitario, formando parte en el pasado de un grupo de acacias bastante considerable. Sin embargo, el cambio climático que afectó a la zona del Sáhara fue tan radical y extremo, que terminó por acabar con toda su familia, siendo él el único superviviente.

Henry Lhote lo describía en 1934 como “una acacia con tronco degenerativo, enfermo o de aspecto débil. Por otra parte, el árbol tiene hojas verdes agradables y algunas flores amarillas.”

¿Cómo era posible que una acacia se mantuviera con vida en medio del desierto cálido y árido más grande del mundo?  Pese a que los tuaregs jamás se atrevieron a excavar en los alrededores del árbol, al considerarlo poco más que como a una deidad, en el invierno de 1939 un sargento del Servicio de Asuntos Saharianos, Lamotte, ordenó excavar un pozo. El resultado fue pronto conocido. A 35 metros de profundidad existía un acuífero que era el culpable de que el fascinante árbol de Teneré siguiera con vida.

Imagen de: Maikelnai

Pero claro, la historia sería demasiado bonita si nos detuviéramos aquí, ¿no?. ¿Y sois capaces de aventurar quien acabó con la vida y proeza del árbol de Teneré? Por supuesto. Lo que la madre naturaleza no fue capaz de conseguir, fue llevado a cabo por el continuamente imperfecto ser humano, y encima, por partida doble.

Imagen de: Naufrablogs
Aspecto del árbol de Teneré antes de los incidentes que sufrió

En primer lugar, en la década de los 50, en una fecha que no se puede precisar, un camión que iba camino a Bilma chocó contra el pobre árbol. Hasta entonces el mismo había mostrado una forma similar a la Y, fruto de una bifurcación de su tronco en dos subtroncos superiores. El resultado de este primer incidente fue la sección de uno de estos subtroncos, recudiendo con ello a la mitad la presencia física de nuestro amigo. Tras este suceso, nuevamente  Lhote volvería a dar testimonio de su estado de salud, diciendo de él que “anteriormente, este árbol era verde y con flores. Ahora es un árbol espinoso, sin color y desnudo. No puedo reconocerlo. Tenía dos troncos distintos, ahora sólo hay uno, más bien con un golpe en el lado que un corte a un metro del suelo.”

Imagen de: Naturacuriosa
Aspecto del árbol tras el primer incidente que sufrió

Pero si parece bastante… ¿cómico, hilarante? que un camión choque contra el único objeto  visible que hay en 400 kilómetros a la redonda, ya lo que sí que es desternillante (hablando irónicamente, por supuesto) es que de nuevo, en 1973, se repitiera este incidente. En esta ocasión fue un camionero libio, del que cuentan las crónicas que iba completamente borracho, quien impactó con la desafortunada acacia, derribándola por completo y acabando con su vida. Si bebes no conduzcan dicen los anuncios… pero claro, beber y conducir por un desierto donde no hay nada, qué peligro podía tener, pensaría el “homicida” del árbol de Teneré.

A los pocos meses del suceso, el Gobierno de Níger optó por trasladar al árbol al museo de Niamey. Además, para intentar honrar por un lado a la memoria del árbol de Teneré, y por otro lado, salvar el punto de orientación que había existido durante tantos siglos en el desierto del Sáhara, decidió instalar un monumento conmemorativo en el lugar donde otrora se hallase la acacia.

Imagen de: Plantamer
Monumento conmemorativo. Fácilmente apreciable el poco gusto y sencillez que se tuvo al escogerlo.

Imagen de: Fronterasblog
Al no contar con cimientos (únicamente un cubo de una tonelada es el encargado de sujetarlo) y debido a las tormentas del desierto, son numerosas las veces que el monumento ha acabado cediendo.

Con esta historia que os traemos hoy, queda una vez más demostrado que el hombre, además de ser un lobo para el hombre como diría el acertado de Hobbes, es igualmente un lobo para todo aquello que le rodea. Nos encanta acabar y modificar aquello que siempre ha existido y estado en su sitio. ¡Qué culpa tendría este tranquilo y solitario árbol del sino que el ser humano acabó concediéndole!¡Qué daño le había hecho el a nadie, más que ayudar a orientar a perdidos viajeros a lo largo de los siglos!. Pero claro, en un mundo donde todo lo diferente desentona, un pobre árbol, destacando en el horizonte en una superficie tan enorme, parecía estar pidiendo a gritos su eutanasia para algunos ávidos conductores.

Imagen de: Plantación forestal.
Actualmente, los restos del árbol de Teneré exhibidos en el museo de Niamey.

Será quizás mejor que nos vayamos recordando las palabras de aquellos curiosos que, pasmados al comprobar la veracidad de su existencia, no pudieran más que como Michele Lesourd (Comandante del Servicio Central de Asuntos Saharianos) mostrar su asombro y respeto: “Uno debe de ver el árbol para creer en su existencia. ¿Cuál es su secreto?¿cómo pudo sobrevivir a pesar de las multitudes de camellos que pasaban a su lado?¿cómo ningún azahari permitió que algún camello comiera sus hojas y espinas?¿por qué ningún tuareg que dirigía las caravanas de sal cortó sus ramas para encender fogatas? La única respuesta es que el árbol es tabú y es condierado como tal por los caravaneros. Hay un tipo de superstición, una orden tribal, que es siempre respetada. Cada año  los azahari se renunen alrededor del árbol antes de afrontar el cruce del Teneré. La acacia se ha convertido en un faro viviente. Es el último punto de referencia para los azahari que dejan Agadez para ir a Bilma, o para regresar”

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