Muchos de nosotros habremos visto de pequeño la serie de animación “El oso yogui”. Como bien recordaremos, sus miles de aventuras transcurrían en plena naturaleza, por un bosque muy concreto que, quizás los que no conozcáis esta serie, reconoceréis como símbolo y pulmón verde de los Estados Unidos. ¿Recordáis o sabéis el nombre del parque del que hablo? Pues sí, es Yellowstone. Pero, ¿qué pasaría si os dijera que más allá de toda la bondad que podamos asociar a este lugar, como vínculo y enlace inconsciente con el entrañable Yogui, esconde al volcán de mayor tamaño sobre la Tierra, capaz de entrar en erupción en cualquier instante y acabar con el mundo tal cual lo conocemos?
En cuanto a los efectos, llamémoslo, “actualmente inocuos” del volcán, este se manifiesta en la naturaleza del entorno de una forma muy peculiar. La cámara de lava del volcán de Yellowstone caliente las corrientes de agua subterráneas, provocando ello que se formen geiseres espectaculares, ciénagas burbujeantes, manantiales hirvientes, e incluso fumarolas venenosas.
Yellowstone es uno de los puntos calientes del planeta (áreas de mayor actividad volcánica), y concretamente, el único que no se encuentra sumergido bajo agua. El volcán de Yellowstone se localiza desde los 600 Km bajo tierra hasta los 45 Km, donde se extiende hacia una superficie de 450 Km de ancho. Entrando a detallar más sobre el riesgo que supone, la caldera de Yellowstone, en Wyoming, alcanza los 50 Km de largo, por 20 de ancho, ocupando un área de aproximadamente 7.800 Km cuadrados. Sus condiciones geológicas lo hacen mucho más peligroso y violento que cualquier volcán común (por ejemplo, con forma de montaña, cónico, etc.), debido al modo en que se acumula la presión en su cámara de lava. ¿Por qué? Pues porque los volcanes comunes, al tener un nivel mucho menor de tierra depositada sobre su cámara de lava, explotan y liberan su energía de una forma más asidua y leve. Sin embargo, un volcán de las dimensiones y características del de Yellowstone (catalogado como supervolcán) puede acumular presión durante miles de años, debido a que la cantidad de tierra encima de su caldera es exorbitadamente grande, provocando esto que no explote con facilidad, ya que es necesario para ello que la presión acumulada sea capaz de vencer a los millones de toneladas de peso que soportan. ¿Y qué ocurre cuando finalmente acaba sucediendo la explosión? Pues que el supervolcán es capaz de liberar una energía 10 veces más potente que la que pueda desprender el mayor de los volcanes comunes (la última vez que este volcán estalló, hace 640.000 años, libero 1000 kilómetros de lava y ceniza en una sola explosión).
Siendo realistas, ¿qué ocurriría si finalmente entrara en erupción? Se calcula que el volcán de Yellowstone acabaría en pocas horas con dos terceras partes del territorio de los Estados Unidos, haciendo igualmente inhabitable el resto del país. ¿Por qué? Debido a que se generaría una nube de sustancias tóxicas (de más de 35 metros de altura) que superarían los 1.000 kilómetros de distancia.
El aspecto que presenta actualmente la caldera de Yellowstone
¿Existe un peligro palpable de que esto ocurra hoy en día? Desde el verano del 2003 los científicos han percibido y registrado distintos indicios de que el supervolcán se encuentra en un punto peligroso de actividad:
- La caldera de lava ha subido su temperatura hasta alcanzar los 100 grados.
- Los géiseres han comenzado a entrar en erupción más frecuentemente.
- La temperatura de los manantiales ha superado ya los 10 grados.
- El vertiginoso incremento de la temperatura del terreno.
- Debido al incremento en la expulsión de gases venenosos, un gran número de animales salvajes ha muerto en los últimos años.
- El incremento de la acidez del terreno y de la temperatura de algunas ciénagas, que han obligado incluso a cerrar ciertas zonas del parque al acceso del público.
- Y el más preocupante de todos, que el suelo se haya inflado hasta 30 centímetros en los últimos 4 años, alcanzado un ritmo en la última década de 7,5 centímetros por año. ¿Por qué es preocupante? Porque un volcán no común como el de Yellowstone, carece de un conducto que conecte la caldera, de modo que el magma se abre paso en su interior derritiendo otras rocas solidas, lo que provoca que el terreno se vaya elevando poco a poco, y se sucedan numerosos terremotos. Y definimos numerosos con un ejemplo muy gráfico, el año pasado se llegaron a registrar 3.000 pequeños terremotos en las zonas colindantes con Yellowstone, una muestra más de cómo el magma en su interior se está abriendo camino hacia la superficie, así como hacia nuevas zonas.
Cambios en la altura entre 1996 y 2000, donde había menor ritmo de alzamiento del terreno
Temperatura del terreno.
Yellowstone ha venido experimentado pequeñas erupciones cada 20.000 a 30.000 años (aunque concretamente la última tuvo lugar hace 70.000 años, que configuraría el paisaje actual del parque). Por su parte, las erupciones más peligrosas han venido sucediéndose cada 600.000 años, habiendo transcurrido 640.000 años de la última. ¿Significaría esto que el supervolcán, estadísticamente, ya se encuentra preparado para volver a explotar? El profesor Bill McGuire, director del Benfield Hazard Research Centre en la Universidad de Londres considera que aproximadamente cada 50.000 años, la Tierra sufre y experimenta los efectos de la erupción de un supervolcán. El último que tuvo lugar fue el de Taupo, hace 26.500 años, de modo que quizás el riesgo de que Yellowstone erupcione no es algo con el que se vaya a enfrentar nuestra generación, así como las siguientes. Pese a ello, deja claro que la probabilidad de padecer los efectos de un supervolcán es de 12 a 1 comparado con la de sufrir los efectos del impacto de un meteorito de grandes dimensiones (un terror que en los últimos días parece haberse puesto de moda). Igualmente, señala que todos nacemos con un 0,15% de posibilidades de que suceda la erupción de un supervolcán en nuestra vida.
El parque en la actualidad
Conclusión, una vez más, nos encontramos ante la implacable voluntad de la naturaleza. Demostrando que si hoy en día existe la humanidad, es entre otros motivos porque ella, y sólo ella, nos lo ha permitido. Para tranquilizaros algo, podemos quedarnos con el pensamiento de que casi todos los supervolcanes que existieron en la Tierra se encuentran ya “apagados” y sin ningún atisbo de actividad, por mínima que sea. En cuanto a lo demás, a veces es mejor vivir felices e inocentemente, obviando todo peligro y riesgo que aceche a nuestras vidas, porque si no lo hiciéramos, seguro que encontraríamos la forma de amargar cada uno de nuestros días pensando que vamos a morir. Ya llegará cuando tenga que llegar, y si tiene que llegar de este modo o no, mientras tanto, prefiero ser positivo y esperar que me toque la lotería algún día, a vivir aterrado elucubrando sobre cuándo y cómo va a llegar el fin del mundo. Por lo pronto, ya estamos en el 2013, así que, ¿alguien compra conmigo un número a medias?.
Ellos convivían con "el fin del mundo" y no parece que su preocupación les aguara el ser felices.









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