Pasear por los pequeños caminos entre canales que Kinderdijk atesora desprende algo especial. Quizás sean los molinos, el ambiente, la naturaleza, el retroceder en el tiempo… o simplemente, quizás sea el susurro del viento…
En pocos rincones como en éste podrás quedar cautivado tan mágicamente por el sonido que las corrientes de aire pueden generar. Repleto de juncos, por pequeña que sea la brisa que se genere, se pone en marcha y funcionamiento el órgano natural que este paisaje esconde.
Como no podía ser de otro modo, todos y cada uno de los 19 famosos y conocidos molinos de Kinderdijk son, desde 1997, Patrimonio de la Unesco.
Como nota histórica, fueron construidos en 1740 para drenar el exceso de agua de los pólderes de Alblasserwaard.
Si quieres visitarlos, lo recomendable es acercarse un sábado, ya que siempre, este día, están todos los molinos en pleno funcionamiento, llamando la atención de todos los turistas curiosos que se dejan caer por el lugar. Igualmente, uno de los molinos está abierto al público, y por 3,5 €, si te apetece, podrás conocer un poco más sobre la finalidad y el uso que tuvieron estos gigantes con aspas en el pasado. A 15 Km de Rotterdam, probablemente sea la urbe holandesa de mayor importancia desde la que se recomienda hacer una excursión a esta zona (ya que si por ejemplo, residís temporalmente durante un viaje de ocio en Ámsterdam, quizás sea más recomendable, aunque menos espectacular, visitar Zaanse Schans).
Una vez más zarpa este navío errante deseando traerles pronto una nueva edición de este serial. Mientras tanto, no olviden lo siguiente. Quizás ahora estemos globalizados, y en cada país de la Tierra se estén homogeneizando las costumbres, pero, ¿es algo que realmente viene de ahora? Si no, pregúntenle a Cervantes, qué habría sido de su bravo hidalgo Don Quijote si hubiera vivido … en un lugar de las llanuras holandesas de cuyo nombre… no quiero acordarme.
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