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La Mona Lisa: una caja de Pandora repleta de secretos codificados

Written By Jesus on martes, 18 de diciembre de 2012 | 1:00

La Mona Lisa es una de las obras más misteriosas en la historia del arte. Este enigmático retrato del siglo XVI, pintado en óleo por el genial Leonardo da Vinci de 1503 a 1606, parece una especie de caja de Pandora repleta de secretos codificados. También es conocida como La Gioconda, porque supuestamente representa a Lisa Gherardini, mujer de Francesco de Giocondo. Fue adquirida por el rey Francisco I de Francia a principios del Siglo XVI. Desde entonces es propiedad del Estado Francés, y actualmente se exhibe en el Museo del Louvre de París. 


La fama de esta pintura no se basa únicamente en la técnica empleada o en su belleza, sino también en los misterios que la rodean. Además, el robo que sufrió en 1911, las reproducciones realizadas de este cuadro, las múltiples obras de arte que se han inspirado en el cuadro y las parodias existentes contribuyen a convertir a La Gioconda en el cuadro más famoso del mundo, visitado por millones de personas anualmente. 

Durante varios siglos los interrogantes sin respuesta acerca de la obra de Leonardo han ido creciendo. Especialmente durante los siglos XIX y XX, las teorías acerca del origen de la modelo, la expresión de su rostro, la inspiración del autor y otras tantas, han tomado gran protagonismo y obligan a un análisis histórico y científico profundo.

EL ROSTRO DE LA MODELO


Una peculiaridad de la dama que aparece en el cuadro es que no tiene cejas ni pestañas. Aunque hoy en día nos extrañe, era una costumbre común entre las damas florentinas de la época, depilarse todo el vello de la cara. Pero el ingeniero parisino Pascal Cotte dice que pruebas ultradetalladas realizadas con escáner digital le permitieron cavar efectivamente a través de las capas de pintura para ''ver'' el pasado del retrato que Leonardo Da Vinci hizo en el siglo XVI a la esposa de un comerciante florentino y que el cuadro más famoso del mundo sí incluía originalmente cejas y pestañas. 


Leonardo da Vinci pintó a Mona Lisa buscando el efecto de que la sonrisa desapareciera al mirarla directamente y reapareciera sólo cuando la vista se fija en otras partes del cuadro. La enigmática sonrisa de la Mona Lisa es “una ilusión óptica, que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes”. Da Vinci pintó la sonrisa de la Mona Lisa usando unas sombras que vemos mucho mejor con nuestra visión periférica”, afirma Margaret Livingstone. El juego de sombras refuerza la sensación de desconcierto que produce la sonrisa. No se sabe si de veras sonríe o si muestra un gesto lleno de amargura. A este respecto, se utilizó un software especializado en la "medición de emociones", el cual fue aplicado a la pintura para obtener datos relevantes acerca de su expresión. La conclusión alcanzada por el programa, fue que la Mona Lisa está un 83% feliz, un 9% disgustada, un 6% temerosa y un 2% enfadada. 



A pesar de que siempre ha sido la enigmática sonrisa del más famoso cuadro de Leonardo da Vinci, la Mona Lisa, lo que ha cautivado la atención de los expertos, su secreto parece esconderse en los ojos. La observación de las pupilas mediante imágenes de alta resolución ha permitido descubrir la presencia de números e iniciales que podrían llevar a determinar la identidad de la mujer retratada por el pintor. “A simple vista los símbolos son invisibles pero con una lupa pueden verse claramente” afirma Silvano Vincenti. En el ojo derecho se encuentran las iniciales LV, presumiblemente aludiendo al nombre del autor. El misterio radica en el ojo izquierdo, donde parece apreciarse las iniciales CE, pero cuyos rasgos también podrían obedecer a una B o una S. «Es muy difícil de determinar con claridad qué letras son, hay que recordar que la pintura tiene quinientos años y no es tan clara como cuando fue pintada», advierte Vicenti. 

Pruebas ultradetalladas realizadas con escáner digital permiten cavar
a través de las capas de pintura para "ver" el pasado del retrato de Leonardo Da Vinci 
«Da Vinci puso un especial énfasis en la Mona Lisa y sabemos que en los últimos años de su vida llevó con él la pintura a todas partes. Sabemos también que era muy esotérico y usaba símbolos en su trabajo para dar mensajes. Quién sabe si las letras son un mensaje de amor a la figura del cuadro», afirma el especialista. En el lienzo se han descubierto otros supuestos códigos: bajo el arco derecho del puente que se ve al fondo del cuadro se aprecian la cifra 72, esto podría ser una referencia al año 1472, en el que el Puente Gobbo o el Puente Vecchio de la localidad de Bobbio (lugar donde está ambientado el fondo del cuadro) fue arrastrado por la crecida del río Trebbia a consecuencia de las fuertes lluvias caídas en la región.

SUPUESTO EMBARAZO Y CONDICIÓN FÍSICA DE LA MODELO

Las manos sobre el vientre han hecho pensar a algunos investigadores que la modelo se encontraba embarazada en el momento de posar. Parece claro que las manos se apoyan una sobre otra y ambas sobre el brazo de la butaca, y no sobre el vientre pero aun así, se especula esta hipótesis.


FONDO DEL CUADRO



Leonardo Da Vinci fue pionero en su época al introducir en esta obra la “perspectiva aérea” denominado posteriormente “sfumato leonardesco”. Se trata de una técnica utilizada en los paisajes y consiste en que cuanto más lejos estén las formas de un paisaje, menos nítidas se ven. Tal y como ocurre en la realidad, las formas se van volviendo más borrosas cuanto más alejadas están del primer plano. Hasta entonces, ningún otro artista lo había plasmado de esta manera, dibujando fondos perfectos y bien definidos pero poco fieles con la realidad. 

En la parte derecha de la modelo se puede observar un largo puente, formado por tres arcos (aunque el río sólo pasa por uno de ellos), que se acabó situando en un pequeño pueblo italiano, Bobbio, al sur del monte Piacenza, en el norte de Italia. Este dato se descubrió gracias a un códice que dejó Leonardo da Vinci, en el que se muestra la escena en la que se pintó.

IDENTIDAD DE LA MODELO


Diversas hipótesis se han generado en torno a la identidad de la modelo. 

- El pintor y biógrafo Giorgio Vasari escribió en 1550: “Hizo para Francesco del Giocondo el retrato de su mujer Mona Lisa y, a pesar de dedicarle los esfuerzos de cuatro años, lo dejó inacabado. Esta obra la tiene hoy el rey Francisco de Francia en Fontainebleau.” 

- En 1625, Cassiano dal Pozzo vio la obra en Fontainebleau y escribió sobre ella: “Un retrato de tamaño natural, en tabla, enmarcado en nogal tallado, es media figura y retrato de una tal 'Gioconda'.” 

En base a estos testimonios se ha identificado a la modelo con Lisa Gherardini, la esposa del acaudalado comerciante Francesco del Giocondo. 

Ciertos documentos oficiales del censo de la época confirman que el padre de Leonardo da Vinci vivía exactamente enfrente de la familia de Gherardini. El historiador Giuseppe Pallanti supone, sin mayores pruebas, que el retrato fue un regalo de Giocondo a su esposa por motivo de su segundo embarazo, a los veinticuatro años de edad. Aunque el cuadro nunca llegó a estar en manos de esta familia. 

Sin embargo, en 1517, antes del escrito de Vasari, Antonio de Beatis visitó a Leonardo en el castillo de Cloux y mencionó tres cuadros suyos, uno de ellos de una dama florentina hecho al natural a petición de Juliano II de Médicis. Aunque Antonio de Beatis podría haber visto una tabla distinta, este testimonio parece discrepar con los de Vasari y Cassiano del Pozzo, por lo que algunos han supuesto que la modelo fue en realidad una amiga o amante de Juliano II de Médicis. 

Pero, en el año 2005, Armin Schlechter, de la biblioteca de la Universidad de Heidelberg, descubrió una nota de Agostino Vespucci en el margen de un libro de la colección de la biblioteca que confirmaba con certeza la creencia tradicional de que la modelo del retrato era Lisa. En esta acotación, el oficial Vespucci, que era un amigo cercano de Leonardo da Vinci, establece: “Leonardo se encuentra trabajando en tres obras pictóricas, incluyendo el retrato de Lisa Gherardini”. Esta pequeña anotación data de octubre de 1503, aproximadamente 47 años antes de las referencias realizadas por Giorgio Vasari. Además, el libro donde se realizó el comentario sobre “Mona Lisa” pertenece al autor Marco Tulio Cicerón, y particularmente esta edición fue publicada en 1477. 

Algunas otras teorías poco difundidas afirman que podría tratarse de Isabel de Aragón, a quien Leonardo dibujó a lápiz para luego hacer un óleo. 

También podría tratarse de Constanza d'Avalos, duquesa de Francaville, mencionada en un poema de la época, donde se lee que Leonardo la pintó "bajo el hermoso velo negro". 

Otras propuestas han sido que la modelo pudo ser: 
  • una amante del propio Leonardo,
  • un adolescente vestido de mujer, 
  • un autorretrato del autor en versión femenina 
  • o incluso, una simple mujer imaginaria. 
A este respecto, Sigmund Freud sugirió que la pintura reflejaba una preocupante masculinidad. 

Para saciar la curiosidad histórica acerca de la veracidad de las teorías vertidas, en 1987 se realizaron los primeros estudios, superponiendo un autorretrato de Leonardo a la pintura de la Mona Lisa; el resultado fue una gran similitud en las dimensiones y rasgos físicos. Los detractores de dicha investigación alegan que, dado que el autor es el mismo, los trazos son similares y por eso generan confusión. Lillian Swartz y Gerald Holzman, los directores de dicha prueba, aseguran que el autor se autorretrató, dándose apariencia de mujer.

EL TÍTULO DEL CUADRO


El título oficial de la obra, según el Museo del Louvre, es Retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, aunque el cuadro es más conocido como La Gioconda o Mona Lisa. Este título aparece documentado por vez primera mucho después de la muerte de su autor. Con respecto al nombre de Mona Lisa, más usado en fuentes anglosajonas, Monna es el diminutivo en italiano de Madonna, que quiere decir Señora.

EL ROBO

Un comerciante argentino, Eduardo Valfierno, convenció al carpintero italiano Vincenzo Peruggia (ex empleado del Museo del Louvre) para que robase el cuadro, con el fin de venderlo por una cifra millonaria. El 21 de agosto de 1911, Peruggia llegó al Museo del Louvre a las 7 de la mañana, vestido con un blusón de trabajo blanco como los utilizados por el personal de mantenimiento del museo, descolgó el cuadro y a continuación, en la escalera Visconti, separó la tabla de su marco, para llevarse únicamente el lienzo. A continuación, salió del museo con el cuadro escondido bajo su ropa. Cuando poco después el pintor Louis Béroud entró a la sala para ver el cuadro notó su ausencia y avisó de inmediato a la policía. El museo permaneció cerrado durante una semana para proceder a la investigación. 


Valfierno hizo un gran negocio con cinco coleccionistas estadounidenses y uno brasileño, a quienes vendió seis falsificaciones, realizadas por el pintor Yves Chaudron, cobrando a cada uno trescientos mil dólares. 
Portada del periódico italiano
"La Domenica del Corriere" haciendo referencia al robo.
Pablo Picasso fue uno de los sospechosos de la investigación pero la pintura fue recuperada dos años y medio después del robo, con la detención de Peruggia quien había intentado vender el cuadro original a Alfredo Geri, director de la Galleria Uffizi en Florencia (Italia), quien fue a la entrega, acompañado de la policía. El jurado sentenció a Peruggia un año de prisión. Antes de regresar al museo, la pintura se exhibió en Florencia, Roma y Milán. Veinte años después, en 1931, Valfierno contó su historia a un periodista estadounidense, revelando la identidad de las personas a que había estafado con las falsificaciones. 

Retorno del cuadro al Louvre
Tras dicho robo, algunos pintores afirman que puede dudarse de la originalidad del cuadro en exhibición, puesto que fácilmente puede ser una copia. Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro fue custodiado en el castillo de Amboise y posteriormente en la abadía de Loc-Dieu.

El cuadro no sólo ha sido robado, sino que en 1956 sufrió nada más y nada menos que dos ataques: el primero fue que un hombre derramó ácido sulfúrico sobre el lienzo, y la segunda, fue que un estudiante boliviano le lanzó una piedra. Fue a partir de ese momento que ‘La Mona Lisa’ se tiene que ver a través de un cristal blindado en el Louvre, una protección que le ‘libró’ de ser rociada con laca roja en 1974 y, hace varios años, de té.

El Louvre continuó teniendo gran cantidad de visitantes 
que acudían a ver el lugar en la pared dejado por La Gioconda.

REPRODUCCIONES

La copia de la Mona Lisa expuesta en
el Museo de El Prado en Madrid
 
La copia de mejor calidad del cuadro es la que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid, la cual se cree que habría sido realizada en paralelo al original por uno de los discípulos de Da Vinci. 

Hasta fechas recientes esta pintura era considerada como una de las muchas versiones existentes del célebre cuadro homónimo de Leonardo da Vinci conservado en el Museo del Louvre, del que se diferenciaba ante todo por el fondo negro, la menor calidad del dibujo y la ausencia del característico sfumato leonardesco. 

El estudio técnico y la restauración realizados entre 2011 y 2012 han revelado, sin embargo, que se trata de la copia de la Gioconda más temprana conocida hasta el momento y uno de los testimonios más significativos de los procedimientos del taller de Leonardo. 



Las diferencias más notorias entre ambas son la apariencia mas joven de la modelo y el paisaje de fondo. Éste resultó ser un repinte según se demostró en la restauración y también reveló la gran calidad del cuadro hasta entonces despreciada. La autoría se divide entre dos de los alumnos más próximos al maestro: Andrea Salai y Francesco Melzi. Este cuadro sobrevivió al devastador incendio del Real Alcázar de Madrid, ocurrido el 24 de diciembre de 1734. 

Sería difícil calcular el tiempo que los habitantes de este planeta han dedicado durante su vida a escudriñar los detalles de uno de los cuadros más famosos del Arte universal. Bien frente a una reproducción, o al original, en el famoso Museo del Louvre, cualquier observador ha probado mirar una y otra vez el célebre retrato, de un ángulo u otro, con la intención de sorprender los misterios que esconde. Pero por muchas elucubraciones y tesis que puedan plantearse acerca de esta famosa obra, seguramente nunca se descubran por completo todos los secretos que en ella, Da Vinci escondió.
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+ comentarios + 1 comentarios

22 de diciembre de 2012 a las 6:30

Precioso cuadro. Me ha gustado mucho la Gioconda de el Prado una vez restaurado el cuadro.

http://conocemadrid.blogspot.com.es/

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